El autocuidado o el hecho de que los individuos o una comunidad puedan hacerse cargo de su salud, ha acompañado a todas las culturas, grupos sociales, razas, etc., desde tiempos inmemoriales. Es una responsabilidad individual o colectiva reconocida por la Organización Mundial de la Salud, quién, en su Declaración de “Alma Ata”, expresó que:

 La gente tiene el derecho y la responsabilidad de participar individual o colectivamente en la planeación e implementación del cuidado de su salud

Este reconocimiento se debe a que el autocuidado ha demostrado ser una práctica invaluable, ya que se trata de una forma efectiva y segura de prevenir la aparición de una importante cantidad de problemas de salud, especialmente las llamadas Enfermedades No Transmisibles, como la diabetes, el cáncer o las afecciones cardiovasculares. Tal es el valor del autocuidado, que ha sido identificado como “la primera línea de defensa contra la enfermedad".

A fin de hacer realidad el que el autocuidado se constituya en esa "primera línea de defensa contra la enfermedad", se requiere:

  • adoptar todas aquellas medidas que favorecen el mantenimiento de la salud y la prevención de la enfermedad, principalmente una higiene y dieta adecuada y la práctica del ejercicio
  • evitar factores de riesgo tales como el tabaquismo, el alcoholismo, el sexo inseguro y el uso de medicamentos que requieren de la intervención y receta de un médico
  • reconocer y manejar los primeros síntomas de un problema de salud, así como apreciar adecuadamente su evolución
  • tratar los síntomas con los medicamentos autorizados por la Secretaría de Salud para su venta sin receta
  • solicitar oportunamente la consulta de un médico si los síntomas persisten o se agravan, así como seguir sus instrucciones 

Esto último permite apreciar que el autocuidado es un proceso contínuo que arranca desde las opciones saludables que adopta un individuos, pasando por el reconocimiento y manejo personal de él o los problemas que le aquejan, hasta el hecho de recurrir a un médico.

Cabe mencionar que las primeras manifestaciones de reconocimiento al autocuidado, tuvieron lugar al inicio de las décadas de los años 70's y 80's. Previamente, los avances y descubrimientos científicos y médicos que acontecieron en los siglos XIX y XX, además del surgimiento de las profesiones médicas, hicieron que los individuos abandonaran - en gran medida - la posición que inicialmente tomaron de hacerse cargo de su salud, para ponerse en manos de los médicos y seguir todas sus recomendaciones, tanto en cuestion de medicamentos a tomar como en las terapias a seguir. Esta posición marcó el inicio y dio pie al desarrollo del llamado "esquema curativo", que perevalece en la mayoría de los sistemas de salud en el mundo. Como su nombre lo indica, este esquema está orientado al tratamiento o curación de las enfermedades más que a su prevención.

Evidencias de diversa índole han hecho patente que este esquema es totalmente inoperante. Por principio de cuentas, hoy se sabe que las enfermedades que representan la mayor carga para los sistemas de salud, como la diabetes, el cáncer y diversos problemas cardiovasculares, por citar las más importantes y que forman el grueso de las llamadas Enfermedades No Transmisibles, son resultado de factores como una alimentación inadecuada - tanto en términos de los tipos de alimentos que se ingieren como la cantidad que se toma de los mismos - la falta de ejercicio o la exposición a factores de riesgo como el tabaquismo o el alcoholismo, la falta de reposo, etc. Todos estos factores negativos, tienen su contraparte positiva en los "estilos saludables de vida" que forman parte del autocuidado y que aparecen en la definición que elaboró un Grupo de Expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que puede apreciarse más adelante.

Otro factor que ha demostrado que el esquema curativo es insostenible, proviene del hecho de que vivimos en un entorno en el cual la población tiende progresivamente a envejecer, producto de la expansión de los servicios médicos y del descubrimiento de nuevos y mejores medicamentos, como también, de la redución de las tasas de natalidad. Esta mayor longevidad o expectativa de vida, hace que los individuos requieran de atención a más largo plazo, lo que implica mayores gastos para los sistemas de salud. Finalmente, el esquema curativo tiende a responder cada vez menos a las expectativas y necesidades de una sociedad que paulatinamente busca estar más informada y dispuesta a tomar una parte más activa en el cuidado de su salud. Cabe aclarar que esta mayor proactividad de ninguna manera invade la esfera de trabajo del médico, ya que el autocuidado implica, en último término, solicitar la ayuda de este profesional si la situación de salud que afronta una persona excede sus conocimientos o capacidades.

La búsqueda de un nuevo esquema de salud se vio acompañada por diversos eventos de un alto nivel académico, en los cuales se puso de relieve el papel central que tienen los individuos en el cuidado de su salud. Paralelamente, el concepto mismo y los alcances del autocuidado fueron objeto de una profunda revisión y actualización, hasta culminar en la definición que dio el Cuarto Grupo Consultor de la Organización Mundial de la Salud, acerca del Papel del Farmacéutico (1966), en la que manifestó que:

 El autocuidado se refiere a todo aquello que las personas hacen con el propósito de restablecer y preservar la salud o prevenir y tratar las enfermedades. Es un término muy amplio que abarca la higiene (general y personal), nutrición (tipo y calidad de la comida), estilo de vida (actividades deportivas, tiempo libre), factores ambientales (condiciones de vida, costumbres sociales), factores socioeconómicos (nivel de ingresos, creencias culturales) y automedicación. 

Organización Mundial de la Salud. Grupo Consultivo de la OMS sobre el Papel del Farmacéutico. Países Bajos:1988, p.8

A través de todas estas medidas, conocidas, conocidas como "estilos saludables de vida", tal y como se comentó anteriormente, es posible evitar o disminuir la aparición o gravedad de las Enfermedades No Transmisibles, así como tener una mejor calidad de vida que no sólo hara posible vivir más años, sino hacerlo de manera saludable, y enfrentar en mejor forma física y mental las consecuencias del envejecimiento. Esta posibilidad de vivir más saludablemente, tiene indudables repercusiones en el desarrollo económico de cualquier país, ya que sólo una población sana tiene la capacidad de emprender todas las tareas que demanda dicho desarrollo con la competitividad y eficiencia necesarias. 

Estos mismos "estilos saludables de vida", de que consta el autocuidado impactan favorablemente a los sistemas nacionales de salud, ya que éstos ven reducida la enorme carga que representa la atención tanto de las Enfermedades no Transmisibles mismas que han crecido, de manera signicativa, en todo el mundo, los últimos años. En el caso de México, llama particularmente la atención el aumento de casos de diabetes mellitus. Esta enfermedad, considerada actualmente como una verdadera "epidemia", ha crecido, desde 1994 en un 25%, y se ha proyectado que para el año 2025 existirán 11.7 millones de mexicanos con diabetes. Por esta razón la Secretaría de Salud lanzó recientemente una Estrategia Nacional para la Prevención y el Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes.

 

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